
De las primeras edades históricas de esta villa tenemos grandes lagunas, debido a los pocos estudios que se han realizado sobre el tema. Pero no cabe duda de que ésta debió ser rica por la zona donde se encuentra y por la cantidad de restos arqueológicos que hay distribuidos por su término.
A pesar de todo se observa que durante el paleolítico y sobretodo en el neolítico se produjo una gran actividad humana sobre el territorio como demuestran los útiles líticos que se encuentran diseminados por su término (bifaces, dientes de hoz, hachas pulimentadas, molinos de mano, etc.).
Del Calco lítico tenemos algunos yacimientos catalogados como los de Las Saladillas y el del Cerro Boyero. El periodo orientalizante se manifiesta en el último yacimiento mencionado que adquiere a partir de ese momento gran importancia. Los restos materiales que se remiten a este horizonte cultural son algunas cerámicas grises que aparecen también en Las Saladillas.
La iberización en este sector de la campiña fue muy intensa, como demuestran los numerosos restos que jalonan el territorio. Durante esta etapa en lugares como el Cerro Boyero, (el cual debió de ser un oppidum) afloran restos de fortificación, alternando las murallas de piedras pequeñas con los tramos de grandes sillares en sus vertientes este, norte y oeste, mientras que en su vertiente sur esta protegido de forma natural por grandes tajos. Este yacimiento se encuadra en la línea Castulo-Obulco-Iponoba-Ipagrum.
También aparecieron restos de fortificación en las Saladillas, pero lamentablemente el recinto fortificado que allí se hallaba ha desaparecido.
Estos recintos, así como el Algarbe, Bermejala, Los Chozos, Hornos de Yeso, tienen la característica de ubicarse en caminos y de integrarse en la red que jalonan las provincias de Córdoba y Jaén.
Para el periodo romano, no conocemos la existencia de ninguna ciudad importante en la zona, por lo que sus yacimientos, que han dejado cerámica campaniense, sigilata común, teguias etc, serían simples villas rústicas. Así Hornos de Yeso, El Algarbe, Los Chozos y Blas desempeñaron esta función agrícola, más apreciable en El Cerro Boyero, donde destaca la presencia de sigilata hispánica y gálica, ánforas y algunas conducciones de agua. La continuidad de algunos d estos núcleos de población se prolonga hasta la Edad Media, como demuestran las cerámicas recogidas en ellos.